Si yo he podido… ¿por qué tú no?

Este artículo lo explica todo!!! Podéis encontrarlo en el Portal de Empleo de la FEMM

 

Si yo he podido… ¿por qué tú no?

Llegó el diagnóstico y con el diagnóstico… el caos. Caos en mi cabeza. En mi vida familiar. En mi vida social… Caos, caos, caos…. Depresión, angustia, culpabilidad, desasosiego, incertidumbre. Y tristeza. Mucha tristeza.

Mi bebé tenía seis meses. No se merecía tener una madre acabada. Sin ganas de volver a reír. Sin fuerza para luchar. Era cuando la fatiga, el cansancio, dejó de ser un mero figurante en mi vida para convertirse en actor principal. Monologuista, diría yo. Y poco a poco iba desbancando mis ganas de seguir siendo aquella mujer risueña, feliz y divertida que se comía el mundo a bocados gigantes.

Así que no. No estaba dispuesta a permitir que la maldita Esclerosis Múltiple me ganara la pelea. Y la guerra.

Conocí la FEMM. Y con la FEMM a gente maravillosa preparada para ayudarme. Sólo tenía que dejar que me ayudaran. Sólo tenía que querer. ¡Y quise! Ya lo creo que quise.

La rehabilitación supuso un aliciente. Pude, poco a poco, conocer más mi cuerpo y mis limitaciones, ésas que llegaron por sorpresa y que me negaba a asumir. Rehabilitación debe ser a EM como la nieve al frío. No se puede entender una cosa sin la otra. Es completamente necesaria.
Por no hablar del servicio de psicología… Para mí fue todo un descubrimiento.

Recuerdo el primer día que entré en el despacho de mi psicóloga. Con la cara lavada. Un moño desarreglado. Vestida de cualquier manera… Y la encontré a ella. Esa mujer tan guapa. Tan radiante. Tan llena de jovialidad. Y… tan dispuesta a escuchar. Me senté con el firme propósito de no volver. Y cuando me levanté y salí de ese despacho… supe que ella iba a tener mucha culpa de mi evolución positiva hacia la aceptación. Y así fue. Así es. Su forma de escuchar, de entenderme, sus consejos, sus enseñanzas tienen mucha culpa de que yo, hoy, tenga EM y sea una mujer feliz.

Fue mi psicóloga quien me animó a conocer el servicio de orientación laboral de la FEMM. Y lo que en un principio era una experiencia enriquecedora pero que ni siquiera me planteaba comenzó a darme ideas, a fortalecer mis debilidades, a engrandecer mis aptitudes. ¡A creérmelo! Y poco a poco mis miedos y mis dudas fueron desapareciendo de la mano de la orientadora social, Beatriz… cuya sonrisa me animaba a mejorar cada día. Su fuerza, su entrega, su afán de sacarme de la pasividad me otorgaron todas las ganas, que creí tenía perdidas, de regresar al mundo laboral.

Soy periodista. Y enamorada de mi profesión. Y sí, tengo esclerosis múltiple. Pero decidí, después de mucho tiempo, y no sin desconfianzas, volver a trabajar.
Así pasaron los días. Charlando con mi orientadora laboral. Estudiando los pros. Los contras. Las ventajas. Los inconvenientes.

Hasta que un buen día recibí una llamada de teléfono: ¡Era Beatriz!:
-“¿Te interesa esta oferta? ¡Está hecha para ti!”, dijo con todo el positivismo que me transmitió con su voz…
– ¡Claro!, afirmé.
Y ése… ése fue sólo fue el comienzo.

La entrevista con Luis, de Capacita Centro Especial de Empleo del Grupo One, no pudo ir mejor. Y lo que en principio era una oferta para trabajar media jornada se transformó en jornada completa.

Luis, mi jefe, me ofreció ser la responsable de comunicación de Capacita. Y no puedo estar más contenta. Ni más satisfecha. Ni más agradecida. Me encanta mi trabajo. Me encantan las facilidades que me están brindando. Me encanta cuando llamé a Beatriz para contárselo y no pudo disimular su alegría. Ésa que no se puede encubrir. Ésa que sale de los adentros. Ésa que te cala. Ésa que te llena. Le tengo tanto que agradecer… Gracias, Beatriz. Por tu esfuerzo. Tu comprensión. Tu confianza. Tu entrega. Tu cariño.

¡No tengas miedo! ¡No pienses que por tener EM no estás capacitad@ para trabajar! ¡Anímate! ¡Confía en ti! ¡Deja que te ayuden! Que te asesoren. Y no pierdas jamás la esperanza. Tu vida, aun con una enfermedad crónica, puede ser maravillosa. Y completa.

La EM, aunque me cueste reconocerlo, ha sido un estímulo para mí. Para superarme cada día. Para exigirme más. Para darme cuenta de todo lo fuerte que puedo llegar a ser.
Y si yo lo he conseguido… ¿por qué tú no?

Arancha Martín, madre, salmantina, con esclerosis múltiple, responsable de comunicación de Capacita Centro Especial de Empleo del Grupo One, y F