No tengo la culpa de tener Esclerosis Múltiple


Leo este cartel y me enfado. Aunque solo sea un poquito.

Porque tengo Esclerosis Múltiple. Pero yo NO tengo la culpa de estar enferma. Yo no he elegido tener una enfermedad crónica. Ni quiero, ni he querido, ni he provocado estar enferma.

¿Pienso en el pasado? Claro. Y seguramente me arrepentiré de ciertas cosas realizadas. O no realizadas. Pero de mi pasado no depende que yo ahora tenga EM. ¡Faltaría más! Estoy orgullosa de mi pasado porque él me ha traído hasta aquí. Mi pasado ha forjado la mujer que soy ahora. Con mis virtudes y mis defectos. Y si hubiera elegido otro camino, hubiera trabajado en otra cosa o me hubiera casado con otro hombre… no habría cambiado que yo, hoy, tuviera EM.

¿Reprimir mis emociones? Pues a veces es completamente necesario. Es cuestión de sociabilidad, de empatía, de humanidad, de convivencia. Uno no puede decir todo lo que piensa. La tan sobrevalorada sinceridad no siempre es positiva. Muchas veces la sinceridad duele. Y ese dolor puede provocar muchos llantos gratuitos. ¿Que hay situaciones, personas y cosas que no me gustan? Por supuesto. Pero vivimos en sociedad. Y la amabilidad, que no la hipocresía, debería mover el mundo.

También hay muchos días que me gustaría romper a llorar hasta hartarme. Pero miro a aquellos a los que amo… y no cae una sola lágrima. Porque pienso en ellos. Porque sé que si me ven sufrir… sufren.

Hubo un tiempo en el que tuve rencor y no perdonaba. Me producía verdadero dolor el daño causado. Después, el tiempo y, sí, quizá la misma enfermedad, me enseñaron que de nada sirve el rencor. Que lo que antaño me dolía hoy no duele. Que quizá malentendidos, desengaños y orgullos guiaron ese rencor ahora ya inexistente. Y he perdonado. Y olvido. Y pido perdón. Y espero que me perdonen. Y así… soy mucho más feliz. Pero eso… ni siquiera cuando más dolor existía, provocó mi enfermedad.

Sólo hay algo en lo que estoy de acuerdo con esta imagen: Rodearnos de personas tóxicas es un verdadero error. Hay personas sanguijuelas que te chupan la energía, que te provocan angustia y malestar. Por eso es necesario reconocerlas y huir. Apartar. Despedir. Olvidar. Pero ni siquiera esas personas provocaron que yo hoy tenga Esclerosis Múltiple.

Así que no. Ni mis pensamientos, ni mis errores, ni mis acciones ni las de los demás tienen la culpa de mi enfermedad. Nadie. Nada. Ni, por supuesto, yo misma.