Noches…

noche

 

 

Hay noches cuajadas de versos en las que los besos huelen a luz y saben a vida.

Noches de lunas gigantes y estrellas fugaces constantes y perennes. Son noches en las que brota el rocío de unos ojos cálidos. Noches en las que las siluetas vienen dibujadas con un aura de magia. Noches de embrujos. De sonrisas. De complicidades plenas y susurros que se clavan en el alma con agujas de placer.

Hay noches en las que el sueño se entremezcla con las burbujas del sentimiento. Noches de pasión apasionada y pasional. Noches de lluvia de caricias. Noches en las que temes que, tarde o temprano, llegue la mañana.

Pero hay noches en las que los silencios son las únicas palabras de alivio. Noches oscuras, tremendamente oscuras, en las que las estrelladas luces del fondo no llegan a alumbrar en la penumbra. Noches de cantos afónicos y de jipíos desafinados.

Hay noches de profundas sombras. De tétricas y terroríficas sombras. Noches de borrachera de sueños que se quedan en resaca de realidades. Noches de hastíos. De gélidos abrazos. Y miradas tuertas. Noches anochecidas de anocheceres negros. Que, sin embargo, tienen algo bueno. Tarde o temprano… se pasan.