Abrazos que rompen

18 de marzo de 2026

Esta mañana me han dado un abrazo que me ha roto por dentro. Pero no una fractura de ésas que te dejan vacía y perdida. No. Esta mañana me han roto de emoción. De estímulo. Con un solo gesto, hoy me han hecho sentir inmensamente afortunada.

Si me llegan a decir hace unos años que yo ayudaría a dar clases de Inglés, en Inglaterra… me habría carcajeado hasta quedarme sin aliento. Pero sí. Nunca, nunca, nunca, digas “de este agua no beberé”. Porque la bebes. ¡Ya lo creo que la bebes!

Ángela, mi profesora

Llevo tiempo asistiendo como alumna a clases de Inglés en una institución llamada Welcome to the UK que ofrece clases gratuitas a personas de otros países que viven aquí, en Southend-on-Sea. Mi profesora, Ángela, es una de las maestras más brillantes que conozco. Profesional, divertida, empática, paciente, carismática, comprometida… de esos docentes que te empujan a amar la materia que imparten. Por su pasión. Por su entrega. Por cómo motiva a sus alumnos a mejorar cada día. Y eso que somos una colorida Torre de Babel de idiomas, culturas, colores, edades y religiones.

Cuando me ofreció ser su “teaching assistant”, los miércoles, con los alumnos que tienen un nivel básico de Inglés… me creí la reina del mambo. Yo, que llegué a este país con el “Inglés Intermedio” que hablamos en España los de mi edad (lo que viene a ser no tener ni idea)… me sentí orgullosa por la confianza depositada en mí y por todo lo que estaba aprendiendo. Por todo lo que Ángela me había enseñado. Por todo lo que había avanzado y evolucionado.

El abrazo

Estamos a mitad de curso. Y esta mañana ha regresado a clase una alumna que llevaba tiempo sin venir. Incompatibilidad de horarios. Pero hoy atravesó la puerta de nuevo. Esa belleza morena, de El Congo, con la vitalidad de la juventud en la mirada y una sonrisa en la que podría quedarme a vivir. Y el abrazo que nos ha dado a Ángela y a mí ha sido… no sé, no sé cómo explicarlo. O ese “I´ve missed you” que me ha dejado fría. Pero fría de emoción. De romperme en mil cachitos. Y, en cada uno de ellos y escritos en mayúsculas, sinónimos de agradecimiento, recompensa y orgullo personal. Hoy un abrazo me ha roto. Y creo que no hay pegamento en este mundo capaz de arreglar tanta satisfacción.

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