Insert coin

16 de marzo de 2026.

Universidad de Essex, Southend-on-Sea

Los lunes se sienten como un insert coin constante. Es la sensación de que la partida va a comenzar de nuevo. Pero no es gratis. Tienes que echarle ganas, darle de comer a la maquinita para empezar un nuevo juego. Quizás te respete la puntuación que ya tenías. O quizá… te veas obligado a empezar desde cero. Cualquiera de las dos maneras supone un reto.

Amaneció gris hoy en Southend-on-Sea. El camino hacia la Universidad, aunque siempre es el mismo, también es siempre diferente. Me gusta observar las casas que se van haciendo a un lado mientras los coches circulan, con sus prisas, sus rutinas. Y observo las ventanas. Tengo obsesión. Como un TOC que no puedo evitar. E imagino a las personas que viven allí. ¿Cómo serán sus vidas del otro lado de los cristales? ¿Habrán logrado sus sueños? ¿Son felices? Cada ventana guarda una historia. Una ilusión. Una lucha. Un duelo.

Estoy llegando a la Universidad.

Taitantos años después… y he vuelto a estudiar. Aunque realmente nunca dejas de estudiar. De aprender. Hay personas que son enciclopedias y que te enseñan más que los libros en solo una conversación. Las hay que son sabiduría en vena. Que podrían hablar en verso, si quisieran. Que su mente es ágil como la lluvia que resbala por los cristales de las ventanas que tanto me gustan. Y ésas son las que quiero. Las que ilustran solo con su forma de actuar.

En mi clase hay gente joven. Insultantemente joven. Y llena de vida. Los hay que, pese a su edad, tienen mucha calle en la mirada. Quizá demasiada.

De todos aprendo. Aunque a veces nos cueste entendernos, por eso del idioma. ¡Nada! El idioma. ¡Ese matiz sin importancia!

Hoy teníamos que hacer una presentación. Lo que tantas veces he hecho a lo largo de mi vida profesional, solo que ahora en otra lengua. Y me he sentido bien. Me he gustado. Y me han gustado ellos, mis compañeros. Y me he sentido orgullosa, no sé, como una madre mirando a sus polluelos.

Después, de regreso a casa, he conducido por otra calle. Para ver ventanas nuevas. ¡Qué de vida se esconde de puertas para adentro!

Ha llovido toda la tarde. Pero como pidiendo permiso, así, a poquitos. Me gustaría caminar la lluvia, pero estoy agotada, así que me conformo con sentarme en el ordenador y regurgitar pensamientos.

Este lunes he vuelto a insertar una moneda en mi maquinita de la vida. Estoy contenta. La partida ha sido buena.

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