Han pasado cincuenta 14 de mayo desde que esa criaturita daba sus primeros pasos hacia una vida que la ha traído hasta hoy.
Y veo a esa bebé con una ternura infinita. Desde la lejanía que otorgan los años.
Eran otros tiempos. Entonces no existían los teléfonos de última generación. Ni la inteligencia artificial. Mis padres lo grabaron con una súper 8 y no he querido arreglar el vídeo. Ni que tenga mejor calidad. Lo quiero así. Con sus 50 cumplidos. Natural. Borroso. Sin filtros.
Si no fuera por estas imágenes… no lo recordaría. Mi primer cumpleaños apagando una vela en un taburete de la terraza del primer piso que tuvieron mis padres.
Mis padres y mi lala Feli
Ellos, mis padres. Mi alma entera. A los que debo no solo la vida. Les debo que criaran una niña feliz, con una infancia preciosa. Les debo los valores que me inculcaron desde que nací. La educación que me regalaron. La sensibilidad. El coraje. El amor infinito con el que crecí. La bondad. El esfuerzo.
Y junto a ellos, mi lala, la lala Feli. Siempre a nuestra vera. Siempre. Aún hoy que ya no está, está. Siempre estará.
Gracias a la vida
Hoy miro este vídeo con nostalgia. ¡Qué rápido ha pasado el tiempo! Cuánto bueno vivido. ¡Qué feliz he sido! Y no. No voy a acordarme de lo malo. Ni de las sacudidas que nos ha pegado el destino. Quiero ver a esa niñita sana, dando sus primeros pasos, torpones, sonriendo. En los brazos seguros de sus padres. Compartiendo su tarta.
Porque hoy, con 51 años, sigo dando pasos torpones, es cierto, pero seguros y firmes. Tengo la vida que soñé. La familia que deseé. Un marido fantástico que se desvive por mí. Un trabajo que me hace inmensamente dichosa. Sigo aprendiendo a diario. Sé que la equivocación no me hace más débil… me fortalece. Intento ofrecer a mi hijo la educación que me entregaron a mí. Y sonrío con quien cruza mi mirada por la calle por si es la única sonrisa que ve en un mal día.
Hoy es mi cumpleaños. Y doy gracias a la vida, que me ha dado tanto.
