El hartazgo de los “ciudadanos y ciudadanas”

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Queridos amigos y queridas amigas:

He de comunicaros mi cansancio ante esta situación. Me estomaga ver hablar a ciertos y ciertas políticos y políticas sobre nosotros y nosotras, ciudadanos y ciudadanas de éste nuestro país. Todos y todas conocemos la situación política actual, y todos y todas sufrimos un hartazgo general por el inmovilismo y la incapacidad de nuestros dirigentes y dirigentas para formar Gobierno. Nosotras y nosotros, que suponemos a nuestros políticos y políticas de inteligentes e inteligentas no damos crédito. Algunos y algunas, que presumen de ser locuaces y locuazas no logran ponerse de acuerdo para que este país comience a funcionar.

Así que sí. Estoy hasta el mismísimo moño que me hago para dormir. ¡Que cansancio! ¡Que empacho ante tanta desfachatez! Ante tanta jeta de unos señores y señoras que se creen los dueños y dueñas del cortijo y que hacen y deshacen a su antojo. Que se quieren apoltronar en un sillón o una sillona (bien jugositos, por cierto) sin darse cuenta del daño que le están haciendo a una profesión antes alabada, y ahora devaluada y, me atrevo a decir que hasta odiada. Porque es decir la palabra “político” y echarnos a temblar. ¿Honrados? ¿Honradas? Haberlos haylos. Haberlas, haylas pero… vaya tela.

Deberían de ser ellos mismos y ellas mismas, los políticos y políticas honrados y honradas, los y las que denunciaran a sus “colegas” y “colegos” chorizas y chorizos. Basta ya de mirar para otro lado, de tapar los chanchullos o justificarlos. Porque lo que están consiguiendo es hacer cierto el refrán de “el que va a la bodega y no bebe vino… se lo dan por bebido”. Y así es. Eso mismito está sucediendo con la clase política: se están ganando a pulso que el pobre o la pobre paisano o paisana crea que están todos y todas borrachos y borrachas de tejemanejes y argucias para ganar dinero a espuertas. Y “gilimemo” o “gilimema” el último o la última.

Incapaces e incapazas

Yo, que pienso que muchos y muchas políticos y políticas son geniales y genialas en sus pensamientos, me hago de cruces al observar que son completamente incapaces e incapazas de transmitirlo a los miembros y miembras de este país que llamamos España ¿o debo de llamarlo Españo para que nadie se sienta discriminado o discriminada?

¡Qué torpes y torpas! Pensará usted y usteza. Nuestros dirigentes y dirigentas se pasan por el forro y la forra las preocupaciones de sus votantes y votantas. ¿Que hay que ir a terceras elecciones? Pues se va. ¿Qué pasa? Nada. Y si pasa, se le saluda.

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¿Que hay que seguir con reuniones y reunionas que no van a ninguna parte? Pues se sigue. Total, si los cochazos con chófer o choferesa, guardaespaldas y guardaespaldos, los desayunos y comilonas los/las pagamos todos y todas.
Y me pregunto ¿saldrán nuestros administradores y administradoras con dinero en los bolsillos alguna vez? Porque me imagino en un bar al señor o señora que tiene poder. Seguro que hay algún o alguna lugareño o lugareña que se estira para invitar al diputado o diputada, senador o senadora de turno. Y siempre se irá de rositas. Con el gaznate bien movidito, el estómago dado de sí y el dinero en la cartera.

Y digo yo conmigo misma: Si a lo dicho anteriormente sumamos que estos representantes y representantas ganan unos sueldazos por dirigirnos ¿no deberían hacer bien, al menos, su trabajo?

¿Qué sucede si no cumplen con su obligación, con aquello para lo que se les paga? ¿Por qué siguen cobrando si son negados y negadas para llevar a cabo su labor? ¡Es una reflexión ¿eh?!

¡Aaaaaahhhhh! Triste la vida de los curritos y curritas. Seguiremos contentos y contentas porque tenemos la facultad de votar, y por lo tanto elegir a los mismos perros y perras (con perdón) con distintos collares.

¡Hale! Sigamos siendo pacientes y pacientas para que nuestros gobernantes y gobernantas se pongan de acuerdo (más allá de sus luchas internas, sus congresos, sus puñaladas traperas y sus “modorrerías”). Y que dios y diosa nos cojan confesados. Y, como no, confesadas.

PD. Váyanse al mismo cuerno con tanto “ciudadanos y ciudadanas”. Que si dicen “ciudadanos”, o “españoles”, así, a secas, también me doy por aludida. Déjense de perogrulladas y formen Gobierno ya, ¡coño!